
Se enamoraron del fútbol en Australia. Aunque no haya título local, aunque aún sigan hablando de footy, rugby o cricket, ahora, cortesía de las mujeres, se citan en los parques a ver fútbol. Primera victoria, check.
Y no parece un entusiasmo pasajero. En poco más de un mes en territorio australiano, por primera vez fue necesario ver pasar dos trenes repletos de hinchas antes de encontrar cupo en uno de los que lleva a Olympic Park, la zona donde está el imponente estadio donde se jugó la final del Mundial Femenino 2023 en Sidney. No jugó el local, eran Inglaterra y España los que decidían la corona. Y aún así la asistencia fue masiva.
Torres de fuego, tambores y, como no podía ser de otra manera, concierto de rock & roll a las afueras del estadio, eran el condimento ideal para esta esperada final, que enfrentó a los mejores de la Copa Mundo, sin duda.
En la otra acera, el ‘Lalalalalalala qué viva España’, el idioma familiar por fin haciéndose un espacio después de semanas de no escuchar más que el idioma local. Y había que ver cómo se hacían escuchar.
El ‘fan fest’ junto al escentario deportivo, con capacidad para 80 mil personas, estaba hasta las banderas, en una noche especialmente cálida después de los fríos intensos, anuncio de que casi está aquí la primavera.
El fútbol, que una noche antes congregó de nuevo a miles de hinchas en plazas y centros comerciales en todas las grandes ciudades para ver el partido del tercer lugar que Suecia le ganó a Australia (2-0), ahora es un plan familiar, uno de los divertidos, de los que vale la pena ver en casa o en el estadio mismo. Las niñas, de no más de 7 años, que cargaron en el tren los carteles que decían ‘Love you Lionessss’, con dibujos de las jugadoras y leones con moñitos en la cabeza, prueban que no solo hay afición -ergo hay mercado- sino que además hay futuro.
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