
No es la primera vez en la historia que el Valencia pierde los tres primeros partidos de la temporada. Sucedió antes en las temporadas 69-70, 97-98, 99-00 y 2016-17 y en ninguna de ellas pasó apuros a final de curso. Pero la de ahora no es una situación puntual, como un resfriado de verano. El entrenador lo advirtió tras el primer partido de Liga. «Sin inversión, es difícil plantearse un escenar
io diferente a este»
, dijo tras la primera derrota, ante el
Barcelona
, en la que su equipo sucumbió por diferencia de calidad en la segunda parte.
En el
Valencia
se da una paradoja extraordinaria, difícil de ver en otros clubes. El director deportivo,
Miguel Corona
, no para de hacer referencia en sus comparecencias a un presunto acuerdo en los postulados con el técnico
Rubén Baraja
(«me gustaría sumarme a las palabras de
Rubén
…», «en la línea de lo que dice nuestro entrenador…») cuando en realidad toma la parte del discurso que mejor le conviene para reforzar el suyo, que a veces resulta hasta contradictorio. Y no es porque
Corona
vaya por libre, ni mucho menos. Más bien al contrario, asume y expresa la postura oficial del club. Y por eso la presidenta
Layhoon
lo escucha tan atenta en primera fila, con traducción simultánea. Y parece satisfecha: «Lo que nosotros hacemos es i
ntentar estabilizar el club financieramente
» y «la presidenta dijo en la Junta General de Accionistas que no se solventan de la noche a la mañana los problemas económicos,
los tipos de interés se comen muchos recursos económicos
del club» son frases del director deportivo.
Mientras
Baraja
‘apretaba’ por primera vez públicamente al club -al principal accionista
Peter Lim
– por una oportunidad perdida ante el
Barcelona
, el director deportivo hablaba del «optimismo» que le generaba ese partido: «Las sensaciones ante el
Barcelona
son fantásticas, extraordinarias, no creo que nadie que coja como referencia ese rendimiento – que, por supuesto será difícil mantener-
pueda entrar en pánico
«.
Baraja
, como todos los entrenadores, tiene su
cuota de responsabilidad
si el equipo no rinde.
Y su futuro dependerá de los resultados
. Pero nadie le podrá decir que dulcificaba la realidad que él veía y no como reproche a una plantilla escasa de calidad -que él ha defendido desde que se hizo cargo del equipo con el agua al cuello- sino como un modo de advertir de la situación. Una especie de «estamos aquí, que nadie se equivoque».
Es más. La mayor alabanza que se le ha escuchado a
Baraja
desde que llegó al
Valencia
se la dirigió a sus futbolistas, antes del primer partido de
Liga
: «Estos jugadores sujetan el modelo de club». Es probablemente la sentencia más redonda sobre la cicatería de
Peter Lim
y la dignidad de unos futbolistas que acababan vacíos cada partido. Porque el ‘proyecto’ con el que sobrevive el
Valencia
-sin inversión y rezando porque no haya ventas- obliga a que los jugadores rindan siempre por encima de sus posibilidades, no haya lesiones y, además, presume como una fórmula matemática que todos los futbolistas mejorarán sus prestaciones conforme tengan más oportunidades para competir.
El
Valencia
puede reaccionar el
sábado
ante el
Villarreal
o puede volver a perder y tampoco sería la primera vez en la historia en la que pierde los
cuatro
primeros partidos de
Liga
. Pero con el parón de por medio se le puede hacer muy largo al valencianismo. El único que, de momento, puede frenar la crisis es
Baraja
. No solo porque es el entrenador, sino porque es la única voz de la que fía el valencianismo. Y su mensaje no ha perdido energía. Aunque los resultados estén erosionando su figura, el técnico.
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