«El Rayo Vallecano es de los rayistas», una frase que podría ser algo obvia y redundante, pero es algo muy cercano a la realidad. Alrededor de dos mil aficionados rodearon el Estadio de Vallecas para conseguir su entrada y poder presenciar la historia. El cuadro franjirrojo y el barrio vivirán por primera vez unas semifinales europeas y la gente no se lo quería perder. MARCA ha estado allí y ha presenciado escenas verdaderamente asombrosas por parte de los aficionados de un club de Primera división.
El primero en ponerse a la cola ha sido un aficionado de Ciudad Real que llegó al estadio a las 00:30 de la madrugada del día 27. Estuvo toda la noche esperando a que abrieran unas taquillas que comenzaron a vender las entradas a las cinco de la tarde. La segunda persona llegó a las 05:30 de la mañana. Precisamente fue Eduardo Godoy, que se reencontró con MARCA, tras recibir el Trofeo MARCA 80 Aniversario por ser el corredor número 80 en pasar la meta de la San Silvestre Vallecana. «Mucha paciencia, un poco de agua y buena compañía«, nos cuenta.
Las colas de la afición del Rayo Vallecano.
El Rayo Vallecano es el único club de Primera división que vende las entradas únicamente de manera presencial. Sin posibilidad de hacerlo online y obligando a los aficionados a acudir al campo para ver a su equipo. «Una gestión nefasta… Lo estamos pasando terrible. Nuestra mejor temporada, año de centenario, unas semifinales de Conference y estamos haciendo una fila como en los años 60», comenta un aficionado.
La afición que ha estado esperando la cola durante tanto tiempo, sin ninguna alternativa para poder ver el partido, se ha mostrado muy crítica con la gestión del club. «Mala organización y pensar cero en el aficionado«, «El Rayo es de la afición» o «Una vergüenza«, han sido las réplicas de una hinchada que está harta, pero que por su Rayo lo darían todo.
En la cola había de todo. Gente leyendo un libro, con las sillas y las neveras, otra incluso trabajando con el ordenador de pie. Imágenes que más propias de un salón particular que de una cola para adquirir tu entrada. Y es que no hay otra opción.
Las colas de la afición del Rayo Vallecano.
«El Rayo me ha salvado, es mi vida y es mi muerte»
La espera siempre merecerá la pena a un aficionado rayista y es que van con su equipo hasta donde haga falta, alguno incluso va más allá. «El Rayo me ha salvado mucho, es mi vida y mi muerte. Es la manera de salir de la rutina de hacer algo diferente rodeado de los tuyos«. Un sentimiento que comparten otros aficionados. «El Rayo es todo para mí«, «Es el barrio«, «Es toda la vida«. Puro sentimiento.
Muchas personas llevan toda la mañana para trabajar por la tarde, otras se han pedido el día para poder ir a por las entradas, otras han vuelto directamente del trabajo sin poder comer. Cada una su propia historia, pero en común la franja roja ‘tatuada’ en su cuerpo.
Las entradas más económicas cuestan 50 euros, 25 más baratas que las del partido ante el AEK en cuartos de final. Una subida muy grande para los aficionados que se están dejando salarios. «Me estoy dejando nóminas, pero esto hay que vivirlo«, afirma un aficionado. Los aficionados que son abonados tienen que pagar un extra de 20 euros para los partidos de Conference.
Los compraventas
El máximo de entradas que se pueden vender en taquilla son cinco por persona. Muchas de ellas aprovechan esta situación para comprar de más a un precio más módico y luego venderlas. Lucrándose de algo que deja a muchas personas sin su entrada o que pagan un precio mayor mayor del que venden en taquilla. Una aficionada nos expresa su descontento ante esta situación.
«Muy enfadadas por la organización, es vergonzoso que vengan grupos a comprar cinco entradas y en la misma puerta se pongan a revender”, afirma una aficionada que también ha visto a la policía acudir a la puerta, haciendo que los compraventas huyeran de la escena.
Esta es la intrahistoria de un partido histórico que contará con alrededor de 14.000 almas rayistas animando a su equipo, con Leipzig como meta final.
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