
Lamine Yamal confirmó esta temporada que no tiene límites ni techo, ni a nivel de calidad ni de ambición ni de registros… Parecía que en sus anteriores temporadas ya había superado todos los récords e hitos posibles y exhibido todo su talentoso muestrario futbolístico, pero esta campaña ha continuado batiendo cifras y maravillando al mundo con sus regates, desmarques, velocidad, visión de juego, asistencias y goles, y también con su peculiar desparpajo fuera del terreno de juego.
A nivel de números, por ejemplo, hace sólo unos días se convirtió en el jugador más joven de la historia del Barcelona en alcanzar los 100 partidos en la competición doméstica. El de Rocafonda lo logró con solo 18 años y 272 días. También fue nombrado Jugador del Mes de LaLiga tres veces, un hito sin precedentes en la historia del premio, creado la campaña 13-14. Es una hazaña que ni siquiera logró ¡Messi!
En un Barcelona plagado de cracks, el joven extremo, que fue el jugador más joven en debutar en LaLiga (con 16 años y 38 días) y el asistente y goleador más precoz de la competición (con 16 años y 45 días), ha sido, otro curso más, la imagen del vestuario culé, y su futbolista más diferencial. Ha sido el más desequilibrante, el más decisivo y el más temido, y admirado, por todos los rivales.
Una dolencia contra el Celta, sufrió una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda, ha impedido que completara la temporada y se ha visto forzado a perderse los últimos seis encuentros de LaLiga, pero hasta entonces lideraba, entre otros registros, el ránking de máximo asistente del torneo con 11 pases finales y el de máximo goleador de la plantilla culé, con 16 tantos en el torneo nacional regular y 24 entre todas las competiciones. Esta Liga es del Barça gracias, sin duda, a Lamine Yamal. El canterano, que también cogió la responsabilidad de chutar los penaltis, ha intervenido, de forma directa, en casi un tercio de los tantos.
El internacional, cuya lesión no le impedirá ir al Mundial, ha sido un fijo indiscutible para Hansi Flick, que no ha podido evitar el aireado enfado del canterano en los escasos encuentros en los que el técnico alemán se atrevió a sentarlo, para dosificarlo y cuidarlo, antes de la conclusión del encuentro. Su hambre por aportar, por marcar y por ganar provocan su rechazo al descanso. La banda derecha culé ha sido suya sin discusión. Sólo las dolencias, a principios de curso le frenó una pubalgia, le han apartado del terreno de juego.
El dominio que ha exhibido, con y sin balón, en el campo ha tenido, además, continuidad lejos del césped, ante los medios y en las redes sociales, donde también ha mostrado gran desparpajo fruto de un carácter y un liderazgo muy poco habituales para su edad y de una personalidad excepcional. Se muestra inmune a todo tipo de críticas, ya sean deportivas o no, lo que aun le convierte en más extraordinario.
Con 18 años, Hansi Flick asegura que todavía tiene gran margen para el crecimiento. El Barça y LaLiga se frotan las manos.
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