La noche del 23 de junio quedó grabada en la historia del fútbol colombiano y no solo por el agónico 1-0 sobre Congo que selló la clasificación de Colombia a la siguiente fase del Mundial 2026, sino porque el autor del tanto, Daniel Muñoz, quien inscribió su nombre en dos selectos grupos estadísticos que lo dejan como uno de los mejores del país en las citas orbitales.
El defensor del Crystal Palace, con su gol ante Congo, se unió a una lista de élite que solo integran cuatro zagueros en la historia de la Copa del Mundo que marcaron en sus dos primeras presentaciones y según MisterChip, el colombiano logró sumarse al brasileño Josimar (1986), el checoslovaco Michal Bílek (1990), el yugoslavo Davor Jozić (1990) y el colombiano Yerry Mina (2018). Muñoz es el quinto y, además, el segundo cafetero en lograr dicha hazaña defensiva.
Pero el dato no termina ahí. Al ampliar el espectro a cualquier posición, Muñoz se convierte en el cuarto jugador de Colombia que anota en sus dos primeros partidos mundialistas, acompañando a figuras de la talla de Adolfo «Tren» Valencia (delantero en 1994), James Rodríguez (mediocampista en 2014) y Yerry Mina (defensa en 2018). Es decir, solo tres cracks lo habían hecho antes que él en la historia de la Tricolor.
Daniel Muñoz, en historia de los mundiales
De igual manera, el cabezazo en el área tras un centro desde la derecha, no solo tuvo peso histórico, sino también inmediato, debido a que desbloqueó un partido trabado, lleno de pierna fuerte y escasas ocasiones, y le dio el boleto a Colombia a la siguiente ronda del certamen que se disputa en Estados Unidos, Canadá y México. La euforia del estadio fue el reflejo de un equipo que, con esta gesta, demuestra tener argumentos de sobra para soñar en grande.
Muñoz, que ya había anotado en el debut ante Uzbekistán, logrando ratificar su olfato de gol y su capacidad de aparición en momentos cruciales. Su irrupción goleadora lo coloca, con solo dos partidos, al nivel de los máximos artilleros históricos del equipo en mundiales, un logro que habla de su oportunismo y de la fortaleza ofensiva de una defensa que se ha convertido en un arma letal para el técnico Néstor Lorenzo.

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