
No le faltaba razón a Quique Sánchez Flores el viernes cuando hablaba de la importancia de aquellos jugadores que entran desde el banquillo porque normalmente los partidos del Alavés se resuelven en la recta final. Los babazorros se mover en marcadores cortos –a excepción de Balaidos – y el desenlace final siempre llega cargado de emociones, pulsaciones aceleradas… y de goles.
De hecho, en los seis últimos compromisos del conjunto vitoriano el marcador se ha movido en la recta final. Salvo en Vigo, donde la diana que completó la remontada llegó a falta de doce minutos para el final, en todos los demás encuentros ha habido goles en los últimos diez minutos. A veces a su favor, otras veces en su contra, pero lo que está claro es que este Alavés se ha abonado a vivir al límite. Y tiene pinta de que no va a cambiar hasta la última jornada.
Sobresaltos
Sus tres últimos compromisos en Mendizorroza han tenido sobresaltos en los últimos instantes con Boyé como protagonista por partida doble. El argentino puso las tablas el pasado domingo ante Osasuna desde los once metros en el descuento y también fue el protagonista del empate en el minuto 89 hace un mes contra el Girona. El drama llegó en el estreno de Quique en Vitoria ante el Villarreal, cuando Nicolas Pepe amargó su debut con un golazo que le arrebataba el triunfo en el minuto 97.
Las últimas tres salidas del Alavés también han tenido emoción hasta el final. Es cierto que en Vigo el gol del 3-4 de Abde Rebbach llegó en el minuto 78, pero en sus dos desplazamientos a Valencia los babazorros se llevaron un buen golpe en los últimos compases. El Levante venció con dos goles de Carlos Espi (88 y 97) y más duro fue todavía lo de Mestalla, donde al equipo se le escapó un triunfo que acariciaba encajando dos goles en el tiempo añadido.
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